No creáis que no me sorprende. No sé, yo hace montones de años que sigo cantantes tipo Bublé. A parte de Sinatra, santo y seña, también me han interesado otros como Bennett, como Ella, Billie, y más en nuestros días como Harry Connick o Michael Feinstein. Por eso me fascina que un músico como Bublé llene estadios como el que he visto lleno hasta la bandera la pasada noche. Y francamente me cuesta de entender. No sé si será porque es guapito, porque canta super bien, por una millonaria campaña de marketing, o porque ha sabido ponerle a su repertorio de Jazz la dosis justa de pop para enganchar a la audencia. No sé.Es curioso sobre todo porque el Jazz en los días que corren es una música casi proscrita y minimalista que no engancha a casi nadie, en cambio Bublé, con un poquito de aquí y un poquito de allá sabe darles a todas las audiencias lo necesario para que nos enganchemos, los unos por lo uno y los otros por lo otro, a su música que él complementa a la perfección con una voz potente y hecha a medida de las canciones que canta. Cosa nada fácil. El tipo es un showman de cuidado que demuestra ser divertido además dominar perfectamente los tempos sobre el escenario. Se mueve por él como pez en el agua, con el micro, se desliza, y lo más importante: sabe ser generoso con sus músicos permitiéndoles lucirse. Y lo hacen de maravilla.
Y claro, sí, yo lo entiendo y quizás hasta haría lo mismo, pero la verdad es que es un error importante, desde mi punto de vista, la elección del lugar del concierto. Esta noche Michael Bublé se ha lucido sobre el escenario del Sant Jordi pero el lugar no ha estado a la altura, simplemente porque la acústica es penosa. No es por nada pero la música de Bublé no luce nada en un lugar que está construido, no lo olvidemos, para todo menos para dar conciertos. Su voz se ha oído meridianamente clara cuando no se acercaba demasiado al micro, pero cuando la banda se ha puesto a funcionar en conjunto se han visto las limitaciones del lugar.
Tengo que decir igualmente que el sonido me lo esperaba muy muy malo y al final sólo ha sido malo. He preferido ir preparado para lo peor para que, llegado el caso, si al final la cosa no iba tan mal pues oyes, todo eso que te llevas. Y efectivamente, así ha sido. Y ese es un fallo que Bublé debería ver y poner remedio porque vale, en espacios así ganará mucho más dinero, pero el espectador pierde los pequeños detalles de su música que es imperdonable que se pierdan. Aunque también es verdad que quizás parte de esos espectadores no les importe mucho si se oye más o menos bien.
Total, que la fiesta ha empezado con 15 minutos de retraso, no está mal. Ya la gente se impacientaba, así que le han dicho que saliera pitando que el populacho se sublebaba. Y a las 21:45 en punto se apagaban unas luces y se encendías otras. Abría el concierto con una cover de Jazz genial: Cry Me a River. Y así ha ido la cosa, empezando con Jazz hasta diluirse poco a poco para llegar al pop que mejor sabe hacer Michael Bublé y con el que ha conseguido atraer al gran público. Entonces todo era baile y fiesta.
Eso sí, el concierto me ha parecido excepcional y, quitando el “pequeño” detalle de la acústica, todo lo otro ha sido sobresaliente. El stage estaba muy bien decorado, sin grandes excesos pero suficientemente bien para que, los que estábamos a tomar por saco del escenario, estuviéramos seguros de que el que estaba cantando era Michael Bublé y no su primo Miguel Chiclé. Suerte de los monitores, porque yo a él lo veía en la lejanía. Ese es otro pequeño detalle de estos que me dan un poco por saco. Ver al figura desde la distancia le quita romanticismo al asunto, pero bueno, cuando uno quiere estar en conciertos de masas pues ya se sabe.
Otra cosa a destacar ha sido su voz. En directo las voces de los artistas suelen ser menos buenas o afinadas que en los discos donde, gracias a la informática, algunos hasta parece que tienen voz. Pero oye, Bublé en ese campo ha estado de 10. No se le ha visto bajar la guardia en ningún momento y francamente me ha dejado sorprendido. Su voz es tan buen en directo como en estudio. Otro punto a su favor. Tampoco me quiero olvidar de la estética. Me gusta fijarme en esos detalles. Me gusta ver como todavía quedan músicos que tocan en concierto alegantes, bien vestidos y pasados por la ducha. Hoy día eso es casi un milagro. Ahora lo normal es ver sobre el escenario a un piojoso que debería ser desinfectado.
Y así ha ido todo, me lo he pasado teta viéndole cantar temas como I’ve Got The World on A String, All of Me, Me & Mrs Jones, Feeling Good, así como una espectacular versión de Mack The Knife. Además he tenido suerte de no estar cerca de esos grupos de mujeres post menstruales, que los había, que le gritaban como si estuvieran en celo, las jodías. En fin, como digo, él ha estado genial, sabiendo hacer bien su trabajo, siendo divertido con el público y siendo, sobre todo, agradecido por el dinero pagado para verlo. Pero lo peor, sin duda, así que una y no más Santo Tomás, ha sido la mierda del Palau Sant Jordi, al que va a volver, para un concierto, Rita la Cantaora. Ahí la organización se han colado. Sí pero no Michael, sí pero no.
J. Coltrane
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