miércoles 9 de septiembre de 2009

Los Beatles: Una Tortura Remasterizada

Me meo toa con la noticia de que los Beatles regresan por todo lo alto, otra vez. No sé, igual hace muchos meses de su último regreso, pero yo al oír el Yellow Submarine y el Imagine tengo la sensación de que fue ayer mismo que salió a la venta el enésimo Best of de los chicos de Liverpool. Joder, esto ya lo he vivido. La diferencia es que esta vez, al menos, ni vienen en disco doble, ni en vinilo, ni en MP3 ni ná, vienen remasterizados y supermineralizados, con un sonido más puro, digamos.

Es curioso que lo vendan con esa propaganda porque ahora que va todo cristo con su reproductor de MP3 y su música bajada del eMule o del Ares, por lo que, en general, al populacho se la trae floja si el emepetrés de turno viene remasterizado, microprocesado, multiplexado o como coño venga, porque mientras se oiga y sea gratis, tira palante. Así pues, viene EMI y dice que estos discos, material inédito a parte, llevan una remasterización de mil pares de kilobits para que los amantes de los Beatles disfruten y se pongan palote con esos temazos en estado puro.

Y digo yo que parte de la gracia de los Beatles será oírlos en plan sucio, como fueron grabados hace tropecientos mil años ¿no?, con sus refritos de fondo del vinilo y el correr de la cinta de cromo. Pero parece ser que no, que ahora los queremos que se oigan tan bien que nos hagan irnos de baretas en cuanto el submarino amarillo empiece a sonar. En fin, tengo dudas de cómo sonará John Lennon cuando le limpien todos los ruiditos añadidos en el original. Dios, qué miedo... Siendo (muy) fino, nos vamos a estremecer de la emoción.

Pero cuando he estado a punto de quedarme sin echar gota ha sido cuando he leído que además esta vez vienen con videojuego incluido, el acabose. Lo bueno del asunto es que el videojuego va de tocar los distintos instrumentos entre la infinidad de joyas de la discografía biteliana. Uno dice que bueno vale, un videojuego, pero que vaya de "tocar" instrumentos cuando si algo no hacían los Beatles era tocar nada que tuviera forma de instrumento, basicamente porque no sabían, pues manda cojones.

Y es que como ya dije una vez, los Beatles (o Bitels, según semire), serán mi grupo incógnita por los siglos de los siglos. Francamente nunca entenderé su éxito ni que la gente hoy en día siga perdiendo la chaveta por comprar de nuevo las cancioncitas de Lennon y su hueste, que ya las hemos oído medio millón de veces, como mínimo. Pero hay que reconocer, siendo justos, que para no saber cantar, ni saber tocar, ni saber nada de nada de música, no lo han hecho mal. Sobre las letras, pues hombre, como en botica, un poco de todo.

La cuestión es que yo los hacía medio enterrados y resulta que sólo estaban de parranda a la espera de clavarnosla por la espalda con esta nueva entrega remasterizada, que aunque parezca mentira siguen habiendo cosas por editar. Espero que al menos esta vez ya hayan sacado todo el material que les quedaba a los señores de EMI en los cajones de la discográfica, porque otro lanzamiento de discos, con su consiguiente repaso de los mejores temas ya no sé si lo podría soportar. Pero me asalta una duda: ¿tendrán ya en mente una edición remasterizando lo remasterizado?

Pero ya me puedo olvidar del asunto, porque estos días, en la tele, la prensa y la radio nos volverán a dar por saco con el maldito submarino ese, seguro. Espero que al menos esta vez en EMI, aunque no creo, cojan la llavecita del cajón que pone Beatles y la escondan bien para que nadie dé con ella en los próximos 20 años. Mientras tanto, tendremos que aguantar la tortura a la que nos van a someter, aunque eso sí, si nos tienen que torturar, al menos que la tortura sea remasterizada.



J. Coltrane

lunes 31 de agosto de 2009

Demasiado Tiempo Para Tan Poca Música


Llevaba varios días a la espera de leer la crítica de AllMusic sobre I Look Into You, el nuevo disco de Whitney Houston que sale a la venta mañana 1 de septiembre, y cómo no, bajo la tutela de Arista, sello que sigue confiando en ella. Me preguntaba con cuántas estrellas le darían en la cabeza a la Houston y casi he acertado en mi predicción. Yo me dije a mí mismo que no le darían más de tres y que seguramente serían dos y media. Pues bueno, al final han sido tres las estrellas, todas ellas muy generosas desde mi punto de vista. Y digo eso porque he podido escuchar fragmentos del disco en Amazon y la verdad es que me ha parecido muy muy flojo.

Aunque no siempre estoy de acuerdo con las estrellas de AllMusic, muchas veces las clavan. Pero es cierto que hay discos que me encantan y que esta gente los dejan a la altura del betún, como por ejemplo el I'm Your Baby Tonight de la misma Whitney que salió en 1990 y que a pesar de la poca estima de la crítica yo lo encontré un disco muy fresco y muy en consonancia con lo que hasta la fecha había hecho la cantante de New Jersey.

Ahora, escuchando por encima I Look Into You, me estoy pensando si comprarlo o no comprarlo, y directamente bajarlo por internet. Whitney Houston ha sido uno de mis iconos musicales de los 80 y los 90 por esa voz y esa carita angelical que tenía y que mezclaba a las mil maravillas con letras y producciones de lujo. En cambio ahora, pese a la espectacular producción que firma el nuevo trabajo, me voy a pensar muy mucho hacerme con este disco.

Desgraciadamente parece que tantos años junto al figura de Bobby Brown, el cantante más fotografiado por la policía, y junto a demasiadas sustancias inyectables y esnifables le han pasado factura en esa voz que fue la mejor durante dos décadas. Por eso Aretha Franklin la apadrinó a ella y no a alguna otra. Ni Mariahs Careys ni leches, la gran voz era la suya, porque el resto vinieron detrás, siguiéndola a mucha distancia.

Uno de sus rasgos distintivos fue siempre ese enorme y preciosa sonrisa que lucía en todas las portadas y en sus apariciones en público. Desgraciadamente eso también ha desaparecido en I Look Into You, porque en esta nueva portada muestra a una Whitney triste y apagada, con cara de qué hago yo aquí si querría estar en la cama bebiendo (un vaso de leche). Además, he encontrado un vídeo de promoción en Amazon en el que habla distante, apagada y en nada se parece a aquella jovencita alegre que fue años atrás. Vamos, que parece que más que presentar su nuevo disco esté de entierro.

Es una pena, y me pregunto si en este punto y con este pasado podrá aguantar una gira de promoción poniendo buena cara a las miles de preguntas repetidas a las que la acosarán. Viajes, hoteles, aviones, países varios. Bueno, habrá que ver si habrá algún tipo de promoción, ya que en su página web sólo se hace eco de una en New York y otra con Oprah Winfrey, por lo que quizás es que no hay nada programado. Personalmente pienso que sería lo mejor para su imagen, pero se hará difícil vender el disco así.

Pero lo peor de todo, aspecto físico a parte, es su aspecto musical. Es como si Whitney creciera y su música decreciera. Buscando un sonido más neo Soul y discotequero no sé si es el camino para reencontrarse con sus mejores años musicales. Quizás un Soul más clásico, con menos electrónica y menos intenciones de sonar en un club nocturno hubieran sido la respuesta a 7 años de incertidumbre musical desde Just Whitney (sin contar su disco de Navidad de 2003).

Y viendo los temas, pues no parecen muy conseguidos. Su voz no brilla con la fuerza que lo hacía antes y las letras no rematan las canciones. Quizás Million Dollar Bill está a buen nivel, pero no hay muchas más así. Y es extraño, sobre todo por contar con gente como David Foster, R Kelly o, curiosamente, Harvey Mason Jr (el hijo del reputado baterista de Jazz Harvey Mason). Pero sea como sea, la cuestión es que el disco no engancha, ni creo que vaya a pegar mucho en las listas, por eso miro hacia atrás con tristeza recordando aquellos tres primeros discos de Whitney que fueron super ventas y entonces pienso que quizás hemos esperado demasiado tiempo para tan poca música.



J. Coltrane

miércoles 26 de agosto de 2009

2032 North Broad Street, Philadelphia


Pues no, desgraciadamente no es mía. Me encataría que así lo fuera porque eso querría decir que habría estado frente a ese mural, pero no es el caso. La foto en cuestión se encuentra en el 2032 de la calle North Broad St, en la ciudad de Philadelphia. Es una pena, porque este verano pasé por Philadelphia, pero sólo pasé por el aeropuerto, aunque me hubiera gustado ver ese mural de cerca y poder sacarle algunas fotos para tener de recuerdo. Para un fan de Grover Washington, Jr. como yo hubiera sido como fotografiar un monumento al Jazz.

A veces lo hago, selecciono un músico/grupo que me gusta y por unos pocos días me dedico a volver a escuchar todos sus discos con detenimiento, degustando de nuevo aquellos viejos sabores. Así que estos días me ha dado por saborear de nuevo la discografía de Grover Washington, Jr. que tengo en mi discoteca y me he puesto a buscar información sobre el artista nacido en Buffalo y que estuvo afincado en Philadelphia, y me ha aparecido esta imagen que me ha encantado: un mural de Grover Washington, Jr. en plena ciudad de Philadelphia, tocando su saxo alto.

Pero la imagen no sólo me ha encantado, me ha hecho pensar en muchas cosas, pero sobre todo en si esto podría pasar en Barcelona, donde yo vivo, o en cualquier otra ciudad de España. O sea, ¿os imagináis a un icono de la música moderna (que no sea mediático y vaya sucio y mal vestido, quiero decir) en un mural en plena calle en Barcelona? ¿o de alguna otra ciudad de España? Pues francamente yo no. No me lo puedo ni imaginar en un país como este sin promoción musical, donde Operación Triunfo es un referente musical, de un país donde no hay diversidad musical ni en radio ni en televisión (donde ya directamente ni hay) y, mucho menos, en un país en el que siempre escuchamos la misma e insustancial música.

Así que me he quedado un rato escuchando y disfrutando algunos de los grandes temas de Grover: Just The Two Of Us, Sacred Kind Of Love, Inner City Blues, Mister Magic, Take Me There y tantas otras de este fanático de los Philadelphia 76ers, cosa que demostró en el tema Let it Flow (For Dr. J), dedicado a la gran estrella del equipo de Philly: el mítico Julius Earving. Y con esto me ha venido a la cabeza aquella noche de hace 20 años en la que descubrí en una caja de madera del cuarto de mi hermano una cinta de casette del increíble álbum Winelight, que ya no dejé de escuchar a escondidas durante incontables noches metido en mi cama con el walkman a mi lado.

También me he quedado pensando que, a pesar de una carrera con subidas y bajadas, y con muchas críticas porque su música era poco digna para los más puristas del Jazz, definitivamente fue otra de esas figuras de la historia de la música que tendría que haberse quedado con nosotros bastante más tiempo del que lo hizo para seguir dándonos discos como los que él sabía hacer. Muchos otros podrían haberse ido antes que él, pero en la música, como en la vida, no siempre sucede lo más justo.

Pero lo que sí es cierto es que no muchos músicos han dejado un legado musical como el que dejó Grover Washington, Jr. (1943 - 1999) tras de si. A parte de varias decenas de discos, como digo, algunos mejor y otros peores y menos acertados, dejó un estilo y un sonido inconfundibles que uno reconoce al escuchar su saxo en cualquier pasaje de cualquier tema. Esa distinción le llevó a ser imitado hasta la saciedad, y como he dicho tantas veces, esa es la mejor indicación de la calidad de un artista: la huella que deja en las generaciones venideras. Por suerte, alguien resumió ese legado en el mural en el número 2032 de North Broad Street en Philadelphia.



J. Coltrane

miércoles 5 de agosto de 2009

Dos Notas, Dos Colores

Aunque Beautiful Mess apareció en el mercado en 2008 en Japón, no ha sido hasta este julio de 2009 que ha aparecido en el mercado americano bajo el sello Sanachie, por lo que he aprovechado mi visita a los Estados Unidos para comprarme el último disco del dúo inglés, del que hacía más de diez años que no compraba ningún disco; y la verdad es que estoy encantado. Tras escucharlo a conciencia estos días, tengo la sensación de que todo este tiempo no ha sido perdido y siguen en forma, dejando claro que lo suyo es el pop con un matiz Jazz que le da un gusto especial. Y con este, van 22 años en el mundo de la música.

Diez temas nuevos más cuatro remezclas de algunos temas nuevos y del clásico Breakout (no es ninguna maravilla, por cierto) componen el disco. Escuchar a Swing Out Sister una vez más es como ver una pelicula antigua, el grupo sigue sabiendo cómo saber sacar partido a un sonido muy especial que se convierte en intemporal. Es un compendio de temas con un sonido de pop de calidad, con arreglos e instrumentación de lujo, como es costumbre en ellos.

Para mi gusto, uno de los mejores temas del disco es Something Everyday, un magnífico medio tiempo en el que brilla la voz de Corinne Drewery sobre un conjunto de coros que le dan un sonido retro impactante y fresco. Otro de los temas estrella es I'd Be Happy, un clásico tema al más puro estilo Swing Out Sister con una letra muy positiva y un conjunto sonoro entre la voz y la instrumentación que sobresale de forma espectacular. Pero sin duda, el tema del disco es Secret Love, un tema con un saxo y una guitarra rítmica de fondo que quitan el hipo. Personalmente creo que ya falta una versión house de este tema, es perfecta para ello.

Y cambiando de nota, una mucho más oscura; otra de mis joyitas de estos días es BLACKsummers'night, lo último del cantante Maxwell, el cantante de New York. El disco, aparecido hace apenas un mes, ha tenido una gran acogida por el público, y no es para menos. La verdad es que por fin me decidí a comprar un disco de Maxwell. Me encanta desde que me descargué el Urban Hang Suite de 1996. Aquel disco era espectacular, así que decidí bajar el resto y comprar el siguiente que editara. El problema es que Maxwell es un músico que cuida mucho sus trabajos y edita discos muy de cuando en cuando. Así que he tenido que esperar 8 años desde que editara Now, para poder comprar lo más nuevo: BLACKsummers'night, también para Columbia.

Como no podía ser de otra manera, BLACKsummers'night es espectacular, un disco hecho con cariño en el estudio, trabajado tema a tema, con un diseño estético como siempre muy cuidado y creado nota a nota para darle ese toque distintivo que tiene Maxwell y que hace que esté a la altura de otros como Tony Rich o D'Angelo, y que, por suerte, le deja a kilómetros de estrellas del R&B como Beyoncé o Riahnna. El aspecto negativo es que el disco sólo ofrece 9 temas, que visto como está el panorama musical actual, se me antoja muy ofrecer muy poco a los fans. Pero qué se le va a hacer, mejor 9 buenas que 14 malas. Sin olvidar que hay una versión con DVD incluida de Maxwell en concierto.

El maestro del neo-Soul nos ofrece todos los temas compuestos por él a medias con Hod David con su sonido sensual y relajado, una voz de lujo que mejora por momentos y una instrumentación totalmente acústica, entre el que destaca (como curiosdidad) Kenneth Whalum III, sobrino del genial saxofonista Kirk Whalum. Y no hay más que escuchar el primer tema, Bad Habits, para darse cuenta que nos esperan casi 40 minutos de primera categoría. Olvidando el sonido relajado del principio, Maxwell apuesta por un movimiento más enérgico con Love You, desplegando su voz en una tonalidad que brilla sobre los vientos durante el transcurso del tema de forma impactante.

Desgraciadamente aún no he tenido la posibilidad de escuchar estos temas en el equipo de alta fidelidad de casa, pero ya me apetece hacerlo. Encenderlo, subir el volumen y escuchar por ejemplo Phoenixrise, un tema instrumental de los que suele tener Maxwell en sus disco y que resulta a medias entre el Soul y el Jazz. Tampoco querría olvidarme de escuchar Playing Possum, donde su voz sobrelleva toda la canción casi acapella, dando paso ya al final a la melancólica trompeta de Keyon Harrold. Así pues, lo dicho, ya estoy que me muero por subir el volumen, sentarme en el sofá frente a los altavoces y pasar un gran rato con este par de discos de excepción.



J. Coltrane

sábado 9 de mayo de 2009

Marcus Miller & Everette Harp: Run For Cover

Ahí es nada, uno de los iconos del Jazz contemporáneo al bajo, tan espectacular como siempre, con uno de mis saxofonistas preferidos por su sonido y su ritmo siempre funk. Este concierto data de 1991 y tuvo lugar en Japón. Live Under The Sky es una cita obligada para muchos de los mejores músicos del mundo que no olvidan el mercado japonés. Aquí Run For Cover, el tema que Marcus Miller escribió para que David Sanborn lo popularizara, pero en esta ocasión el saxo alto es del inconfundible Everette Harp que no desmerece en nada a la versión de David Sanborn. Acompañando a Miller está a la batería el espectacular Poogie Bell. Ver los solos de bajo y de saxo alto de Miller y Harp es un verdadero placer...



J. Coltrane

domingo 8 de marzo de 2009

Brian Culbertson - Bringin' Back The Funk

domingo 1 de febrero de 2009

Kirk Whalum: The Gospel According to Jazz Chapter III


The Gospel According to Jazz Chapter 3 from Kirk Whalum on Vimeo.

domingo 28 de diciembre de 2008

2008: Un Resumen Musical

Con el final del año es momento de hacer resumen de lo que, musicalmente, aconteció durante estos 12 meses de 2008. No ha sido un año de los de comprar muchos discos, ha sido un año de contención en la compra, de selección y adquisición sólo de los más necesario o imprescindible, que estamos en crisis. Este año 2008 se marchará dejando 39 discos nuevos en mi estantería de discos, una cifra bastante inferior a la de 2007, que fueron 54.

Este año, como suele pasar todos, han habido grandes descubrimientos y grandes decepciones. Es una cosa que ha pasado y, a pesar de internet, seguirá pasando aunque cada vez menos. El hecho de poder descargar un disco antes de comprarlo para ver qué tal es una buena manera de ahorrar un dinero si el disco resulta que no merecía la pena. De los artistas que conozco suficientemente bien ya no me preocupo en descargarlos porque ya sé que no me defraudarán, pero de los que no tengo mucha idea sí suelo hacerlo para llevar el disco en el iPod y entonces, si me convence, lo compro en la tienda.

Para mí las grandes decepciones de lo que he comprado este año han sido el disco en directo de Dianne Reeves, que es de lo peorcito que he oído. La artistas tiene discos geniales y una voz espectacular, pero el repertorio escogido para el directo deja mucho que desear, así como las versiones que hace de algunos temas clásicos. La otra decepción de este año ha sido el nuevo disco de los Yellowjackets, Lifecycle. La inclusión de una guitarra, nada más y nada menos que la de Mike Stern, ha sido lo que ha dejado al disco en un segundo plano para mí. Reconozco que es básicamente porque el estilo de Stern no me gusta. De todas maneras, como ya tengo comprobado con los Yellowjackets, sus discos entran sumamente despacio pero entran.

Otro de los artistas que sin ser una decepción, sí creo que ha bajado el listón bastante, ha sido Peter Cincotti, en su nuevo disco East Of Angel Town. Un supuesto (y apadrinado por él) clon de Harry Connick, Jr. ha degenerado en una música cada vez más pop que, sin estar mal, está muy lejos de lo que él puede hacer y además sabe hacerlo. De sus discos Jazz-pop ha ido cayendo el Jazz y sólo queda ya el pop. Otro de los que ha hecho menos de lo que sabe ha sido David Benoit en su disco Heroes. Como acostumbra el artistas americano mezcla grandes discos con otros muy insípidos y con poca energía, y éste es uno de ellos.

Como cada año he querido comprar algunos discos de Jazz clásico, de los grandes maestros, por eso este año me he hecho con algunas joyitas de Django Reinhardt, el Live at The Blue Note de Oscar Peterson, la serie completa de Ella Fitzgerald y Louis Armstrong colaborando juntos para Verve, los master takes de la colaboración de Louis Armstrong y Duke Ellington, una recopilación de los mejores temas en directo de Ella Fitzgerald editada por Pablo Records en 1994, y como colofón a un año muy jazzístico, el disco con el que se me acabarían todos los adjetivos buenos del mundo, el Kind of Blue de Miles Davis. Lo tenía descargado desde hacía tiempo y finalmente lo compré.

También he continuado la compra de discos de mis artistas preferidos, de esos que siempre que sale un disco me falta tiempo para comprarlos. Es el caso de Will Downing y su After Tonight, que diría que es de lo mejorcito que ha editado en años, si no lo mejor. Teniendo en cuenta la alta calidad de los discos de este músico de voz barítona no está nada mal. Otro de esos grupos esciales es Incognito, que sigue con su producción bastante continua de discos, el de este año, Tales From The Beach ha dejado claro que el grupo sigue en la misma dirección de calidad extrema y sonidos funky de siempre. Quizás yo diría que con una pequeña falta de ideas después de tanto tiempo. A pesar de todo, y como siempre, un gran disco.

Tampoco han faltado los últimos discos de Fourplay, de Everette Harp, Joe Sample & Randy Crawford, Earl Klugh, David Sanborn y Richard Bona, todos ellos ya grandes iconos musicales para mí. Sin grandes novedades en ellos, simplemente el hecho remarcable que Sanborn con su Here & Gone sigue madurando en su estilo de Jazz, ya dejando más de lado el más dulzón que hacía hace años por uno de más calidad. El regreso de Earl Klugh con uno sus discos marca de la casa ha sido una noticia genial, porque aunque tras bastantes años fuera del mercado regresó con uno de solo guitarra en el que no llegó a dar el mejor nivel que él tiene, en cambio en The Spice Of Life sigue sonando a Klugh, sin cambios notables, pero sí realmente bueno como siempre.

El año que marcha ha visto el descubrimiento de dos grandes artistas para mí. Uno, Keith Jarrett, es un gran icono en el Jazz desde hace decenas de años pero al que no le había prestado mucha atención. Este año le he dedicado dos discos (Setting Sessions y My Foolish Heart) en directo que son excepcionales y en los que el músico demuestra un nivel insuperable. El otro, Marcin Wasilewski, de origen polaco fue un chorro de aire fresco cuando llegó este año a mis oídos. Descubrí January por casualidad en una tienda de música de París y me dejó en shock. Lo compré y un poco más tarde me hice con su primer disco Trio. Ambos discos son relajantes y muy inspiradores, para momentos especiales.

Otros descubrimientos han sido el del DJ y músico frnacés llamado Llorca, New Comer es un disco de 2002 que suena terriblemente bien y que mezcla el mejor Jazz con una buena dosis de electrónica y house que lo hacen imprescindible para el que le guste el Acid Jazz. Otra gran sorpresa este año ha sido Wayne Brady y su A Long Time Coming, aterrizó en mi mente por casualidad mirando cosas por internet y cuando paseando por New York lo vi en una tienda me lo quise llevar de recuerdo de una de las ciudades más increíbles del mundo. El disco es un buena mezcla de Soul con pequeños toques Jazz. Y fue también en NY donde conocí a Jerry Douglas y su directo en el Blue Note. Allí compré el disco Glide (que me firmó en su camerino) porque me gustó su forma de tocar el dobro y porque aquella fue una de las mejores noches de mi vida musical y personalmente hablando.

No he olvidado el Acid Jazz en este año, si es que aún existe eso, en lo que ha dado de sí este año. He vuelto a las andadas con Incognito como decía antes, además de descubrir en Amazon de Alemania que Count Basic, el grupo del austríaco Peter Legat tenía nuevo disco en el mercado, Love & Light, disco que me daba un poco de miedo tras los dos últimos un poco descafeinados del grupo. Aún sin volver al 100% con un sonido muy Acid Jazz, sí han regresado a los orígenes en un 80%. Otra de las adquisiciones importantes fue el disco de Koop titulado de la misma forma. Ellos son suecos y mezclan a las mil maravillas Jazz y electrónica, creando un sonido muy partícular y con colaboraciones tan interesantes como la de Earl Zinger (vocalista de Galliano) y Terry Callier.

Este año ha sido la consolidación de otros artistas como John Gorka y David Wilcox. Ambos de la escuela del genial James Taylor, por lo que tienen unas raíces marcadamente folk/rock. Las voces de los dos músicos son suaves y aterciopeladas y con la calidad de la composición han conseguido hacerse un sitio en mi discografía más orientada a otros estilos. Y también ha sido momento para el regreso de otros que hacía tiempo que no compraba como Ken Navarro, uno de esos músicos que no varía ni un ápice su estilo pero que, a pesar de eso, consigue un nivel en sus discos excepcional, aunque hay que decir que The Grace Of Summer Light es su disco más diferente en años.

En New York aproveché también para hacerme con lo último de Sadao Watanabe, del que no compraba nada desde hacía mucho tiempo porque no es fácil encontrar música del genial altoista japonés aquí en Barcelona. Basie's At Night es un disco en directo con un sonido muy fresco que demuestra que Sadao es mayor pero musicalmente no lo parece. La vuelta de Eric Benet (Love & Life) y de Tony Rich (Exist) también han sido un empujón en el apartado más Soul de mi discografía, y aunque no son discos espectaculares sí tienen buena calidad.

Y para pocas cosas más ha dado tiempo el 2008. Ha sido un año que ha pasado volando gracias a la buena música que he comprado y gracias al tiempo que he pasado escuchándola. Veremos qué es lo que nos depara el 2009 en el aspecto musical y veremos si la crisis acaba de hundir una indústria que, y no será por mi aportación, parece que cada día está más sumida en la pérdida de ventas por culpa (o gracias) a internet. Pero para eso habrá que esperar todo un año. Feliz 2009!!!



J. Coltrane

viernes 31 de octubre de 2008

David Sanborn: Here & Gone

Pues el estreno con Decca de David Sanborn no podía ser mejor. No sé si después de pasar por Verve con dos buenos discos ésta será su última parada sin ánimos de continuar cambiando de sello cada poco tiempo. Sea como sea, el estreno en Decca ha sido espectacular. Dejando a un lado su sonido más melódico y dulzón, Sanborn se ha centrado en Here & Gone en un sonido más puro y más en la onda del mejor Jazz y Soul, todo junto para ofrecer una mezcla rica en sonidos y en la que demuestra que al saxo alto hay pocos con su sonido.

Tras 33 años de carrera en solitario y muchos otros como acompañante, Sanborn nos muestra un disco maduro de tradición jazzística y en el que además, como no podía ser de otra forma, se ha rodeado de los mejores y más reputados músicos de sesión como de cantantes de prestigio mundial. Uno de ellos ha sido Eric Clapton, seguramente por la amistad que les une, ya que juntos han estado durante muchos veranos de gira con la super Jazz band que montaban y desmontaban para pasearse por los escenarios de media Europa.

Como ya viene siendo habitual en sus últimos discos, parece que Sanborn ha dejado casi definitivamente la composición. Tiempo atrás sus discos siempre venían surtidos de varios temas propios, pero en los últimos cada vez hay menos material original del artista y ya casi todo son versiones a la Sanborn de temas clásicos. En este álbum, para mi gusto, destaca sobre todos los demás la versión de Stoney Lonesome, un tema trepidante por el ritmo y por el sonido que Sanborn le imprime de principio a fin.

Pero Here & Gone es mucho más que eso, es un pequeño homenaje al Mítico Ray Charles. En él encontramos o bien temas que fueron compuestos por Charles como I Believe To My Soul como otros interpretados con gran éxito por el legendario músico de Georgia: I'm Gonna Move To The Outskirts of Town o Basin Street Blues. Sin olvidar el pequeño tributo a Hank Crawford en forma de joya del Stoney Lonesome.

No hay que dejar pasar tampoco la aparición de Joss Stone, aquella jovencita blanca con corazón negro que aterrizó en la industria de la música como caída del cielo en 2003. Ahora nos brinda un Blues a dúo con Sanborn, el citado anteriormente I Believe To My Soul, tan espectacular como su voz. Con orquesta de vientos incluida que dejaría al mismísimo Ray Charles de piedra. Orquesta acompañada por otra parte por algunos nombres tan insignes como el baterista Steve Gadd, el bajista Christian McBride, el genial guitarrista y antiguo compañero de Harry Connick, Jr., Russell Malone y Gil Goldstein al Fender Rhodes que además hace de arreglista en todos los temas del disco.

Así pues, sea por la calidad, por el sonido, por los temas escogidos, por las colaboraciones... sea por lo que sea, Here & Gone es otro de esos discos que pide ser expuesto en la estantería de casa para lucir bien y para hacer, a ser posible, que de tanto escucharlo no caiga sobre él ni una mota de polvo. Yo, como todo lo que edita Sanborn desde hace un buen puñado de años, ya me he hecho con él y como siempre no me ha defraudado.



J. Coltrane

martes 23 de septiembre de 2008

Earl Klugh: The Spice of Life

Parece que definitivamente ha vuelto. En 1999 nos dejó Peculiar Situation, un disco tan suave como acostumbra, y todos creíamos que volvería tras un plazo razonable de tiempo de dos o tres años, pero no, el alejamiento de Earl Klugh de la música duró seis años, tiempo durante el cual hizo algunas colaboraciones pero no lanzó ningún disco a su propio nombre. Aquel Peculiar Situation era el estreno con Windham Hill, pero al final resultó ser una colaboración realmente corta.

No fue hasta 2005 que volvió a entrar en el estudio para editar bajo el sello Koch, uno de sus discos más intimistas que ya dejaba bien claro en el título del disco: Naked Guitar. El título lo decía todo, guitarra y nada más que guitarra en un disco con versiones de temas suyos y de clásicos interpretados a su estilo y sin acompañamiento alguno. Y tras ese disco me quedó la duda de si era una vuelta definitiva o simplemente una manera de hacernos recordar que el guitarrista de Detroit aún existía.

Ahora, en 2008 regresa con uno de sus discos de siempre. Sonidos relajantes, alegres y sobre todo, frescos. Si algo define la música de Klugh es la frescura de sus composiciones, desde las más vibrantes como Snap! hasta las baladas más románticas. La digitación de este talento es tal que uno tiene la sensación de poder seguir cada uno de los movimientos de sus dedos sobre las seis cuerdas de su guitarra acústica.

Qué mejor que abrir el disco con un tema como Ocean Blue. Es realmente un título sugerente para una mañana en la que uno se pudiera sentar frente al océano azul y dejarse llevar por el sonido de las olas y de la guitarra de Klugh. Sleepyhead es Klugh en estado puro, notas intensas y de sonido claro sobre una base rítmica de medio tiempo sin olvidarse del sólo de piano que se compenetra de maravilla con el sonido de la guitarra.

Tampoco podía faltar en este disco una balada como Venezuelan Nights. Si en algo se ha especializado Earl Klugh ha sido en componer algunas de las baladas más inteligentes y suaves que he oído nunca, sin permitirse caer en el exceso de azúcar, por lo que consigue baladas robustas y exquisitas. Y como tampoco podía dejar de ocurrir, los sonidos hawaianos vuelven a dejarse entrever por entre medio de los temas del disco.

También hay covers de temas clásicos, como un C'est Si Bon que no me acaba de coonvencer seguramente porque tras la versión de Louis Armstrong difícilmente habrá otra igual. Aquí la veo excesivamente suave y melódica. Una aproximación válida, desde luego. Otro gran clásico incluido en este disco es My Foolish Heart, una balada interpretada por Klugh como un medio tiempo que tampoco acaba de rematar de la forma en que podría.

El disco tiene otros buenos temas como Lucy's World y Morning in Rio, aunque dicho sea de paso que esa mañana en Rio podría ser en cualquier otro lugar del mundo, ya que no consigue transportarme a Rio de Janeiro de ninguna manera, aunque quizás tampoco era la intención del músico. Lo que sí me transporta es el sonido de sus músicos habituales, Ron Otis (baterista) y Lenny Price (saxo), que complementan perfectamente el estilo de Klugh y le añaden parte del estilo propio que él tiene.

Es curioso que tras tanto tiempo aún sigo comprando discos de Klugh y no dejaré de hacerlo. A pesar de que ya hace tiempo que no aporta nada a su música y repite casi siempre la misma estructura en sus discos, sigo teniendo ganas de hacerme con todo lo que edita este hombre. Realmente me tiene enganchado. Una vez más Earl Klugh demuestra ser un guitarrista con sólido trayecto y de sonido con una clase fuera de lo común, habiendo creado un estilo muy personal que lo define desde la primera nota, motivo por el cual la edición de The Spice of Life es una gran noticia.



J. Coltrane

domingo 31 de agosto de 2008

El Partido Más Importante de Wayman Tisdale

Definitivamente esto no lo merece nadie, el cáncer es esa enfermedad que nos persigue a todos y nos vigila desde cerca, y esta vez le ha tocado a uno de los más interesantes bajistas de la escena americana. Uno de los hombres que ha tocado y se ha divertido junto a los mejores: Marcus Miller, Kirk Whalum, Jonathan Butler, Dave Koz y muchos otros. Este ha sido el músico que se ha divertido sobre el escenario y lo ha demostrado con una sonrisa de oreja a oreja que lo ha acompañado desde su infancia.

Desgraciadamente esa sonrisa se ha quebrado en los últimos tiempos. Un accidente doméstico le provocó una caída en por las escaleras de su casa que tuvo como resultado la rotura de un hueso de una de sus largas piernas. Cuando los médicos vieron el estado de aquel hueso encontraron algo que no era normal. Tras un estudio no quedó la más mínima duda, el cáncer de huesos había golpeado la puerta de Wayman Tisdale.

Durante un largo tiempo el músico y antigua estrella de la NBA siguió un tratamiento de quimioterapia que le apartó de los escenarios y que era la única forma de hacer eliminar el cáncer de huesos de su cuerpo. Desgraciadamente y tras mucha lucha Wayman Tisdale ha tenido que tomar la decisión más complicada de su vida: la amputación de la parte baja de la pierna derecha. Una medida drástica pero que es la única posibilidad para que el cáncer no se extienda irremisiblemente por el resto del cuerpo.

El pasado 25 de agosto el jugador de Pacers, Sacramento Kings y Phoenix Suns se sometió a esa operación tal y como informaba en su propia web. En otros medios se ha podido leer que ha sido un éxito, así que el músico tiene planeado su regreso a los escenarios para el próximo otoño. Su último disco Rebound es todo un ejemplo de la lucha de este simpático y grandote personaje que dejó el baloncesto para dedicarse a la música de forma excepcional.

En Rebound, Tisdale ofrece un recital muy compensado de temas con un trasfondo religioso que es el que en estos momentos y junto a su familia le están ayudando a superar estos momentos tan complicados de la vida. Viendo el vídeo promocional de su anterior disco, Way Up, uno no entiende cómo alguien así puede haber tenido la mala suerte de haber sido llamado por el cáncer. Sin duda, éste es el rebote que Wayman Tisdale no puede dejar escapar porque este partido hay que ganarlo.






J. Coltrane

lunes 4 de agosto de 2008

En Vivo: Diana Krall

Lo malo de ir a ver a una artista como Diana Krall es que el nivel está tan alto, y la calidad de la pianista y su banda es tan grande, que no llega uno a sentirse sorprendido durante casi ningún momento del concierto. Simplemente esperas que salga al escenario con sus músicos y lo haga tal y como lo hizo ayer noche en el Festival Castell de Peralada, de lujo. Con 15 minutos de retraso Diana Krall apareció resplandeciente y con su preciosa cabellera rubia sobre el impresionante escenario del Castillo de Peralada aguantando un calor que derretía.

Con jeans, una chaquetilla con tonos rojizos y lentejuelas doradas y unos zapatos de tacón se presentó junto al resto de su banda, el guitarrista Anthony Wilson, el baterista Jeff Hamilton y el contrabajista Robert Hurst. Todos, aboslutamente todos demostraron un nivel fuera de lo común sobre el polivalente escenario del castillo. Los solos de Wilson son para llevárselos grabados a casa, los del Hamilton son absolutamente espectaculares aunque el músico derrochan toque y finura durante su ejecución normal de los temas, y Hurst hizo arder las cuerdas de su contrabajo con solos veloces y perfectamente ejecutados.

Si algo tiene la banda de Diana Krall, además de quitar la respiración, el hipo y varias cosas más, es que demuestran entenderse a la perfección todo el tiempo. Los detalles de estar sólidamente conjuntados y compenetrados se van sucediendo durante toda la actuación. Con sólo cuatro instrumentos la banda de Diana Krall supo llenar de música el exageradamente grande escenario del castillo. Sí, porque como el escenario vale tanto para un roto como para un descosido, pues se vio medio vacío cuando sólo cuatro músicos estaban sobre él. A pesar de todo, la mezcla de colores que ofrecía la iluminación del lugar sobre el fondo del escenario era de una elegancia exquisita.

Lo que no fue una sorpresa en la actuación de la cantante canadiense fue el repertorio. Como es habitual desde hace varios años empezó con la vibrante y ultra rápida I Love Being Here With You en la que permitió lucirse a sus músicos. Personalmente en esa canción y en el resto me pareció brutal la forma de tocar y de atacar a la guitarra de Anthony Wilson. Y bueno, tras eso pocas novedades si uno ha escuchado el Live in Paris; la mayor parte del repertorio es el mismo: 'S Wonderful, The Look Of Love, Devil May Care, etc... A excepción de algún que otro tema, casi no añadió piezas de su último disco. Cosa que es un problema de cara a futuros conciertos, ya que no acostumbro a repetir concierto si sé que el repertorio es copia del que ya he visto.

Una de las novedades agradables fue la curiosa interpretación de Let's Face The Music And Dance, al que dotó de un carácter intimista y muy diferente del original donde brilló el sonido de su piano. Otro tema que convirtió en una sensual ballada fue But Not For Me y que también resultó en algo curioso y original. Dicho eso, cabe también decir que para mi gusto Diana Krall abusa en exceso de las balladas. Sinceramente creo que debería usar más temas de tempo intermedio porque en esos su voz suena realmente bien, aunque por algún motivo salta de balladas ultra lentas a temas de ritmo trepidante.

A parte de todo, el concierto fue como llevar un reloj de lujo encima. Fueron 90 minutos exactos con bis incluido que se me hicieron terriblemente cortos, por lo que cuando decidió marcharse del escenario por segunda vez ya intuí que el show había terminado. Igualmente la gente del lugar tampoco pareció que estuvieran dispuestos a trabajarse mucho un nuevo bis. Sea como fuere el nivel de la audiencia era el que me esperaba, gente de punta en blanco que iban a un concierto como quien va a una recepción del embajador.

Tengo que decir muy a mi pesar que la ley de Murphy volvió a hacer de las suyas. Cuando voy a un concierto me gusta tener a los músicos de forma que pueda observar su movimiento de manos para ver la forma y el estilo que tienen tocando su instrumento. En esta ocasión, una vez más, el piano de Diana Krall me tapaba sus manos, así que, una vez más, mis dudas de si compro las entradas en el lado derecho o el izquierdo volvieron a no servir para nada. Volví a ponerme en el lado equivocado... aunque pensándolo mejor, quizás es algo bueno, porque así ya tengo la excusa perfecta para volver a ver a esta excepcional pianista canadiense.



J. Coltrane

sábado 28 de junio de 2008

Richard Bona: Bona Makes You Sweat

Una de las cosas de que diferencian a Richard Bona de otros músicos o grupos es que uno podría verlo en concierto miles de veces sin cansarse. La potencia y calidad del directo de este artista camerunés es simplemente genial. Cuando el bajista empieza a desplegar todo su armamento musical es complicado detenerlo, y entonces sucede lo de siempre, conecta con el público de tal manera que uno siempre quiere más.

A Richard Bona lo he visto ya 4 veces en concierto y sigo sin cansarme. Es de esos pocos artistas que visita Europa muy amenudo a pesar de tener un gran cartel en Estados Unidos. Le gusta recorrer la geografía del Viejo Continente a pesar de que podría hacer giras exclusivamente por América, donde ha tocado junto a los mejores. Pero en cambio casi cada verano aparece por España y además para dar una buena serie de conciertos.

Y ahora, para rematar un gran trabajo, Bona ha decidido sacar a la venta un disco de esos directos tan espectaculares que por suerte pasan la prueba del salón. No son muchos los discos de directos que pasan esa prueba, y diría más, son muy pocos los directos que a uno le apetece sentarse a escuchar en el salón de su casa. Normalmente el directo suena pesado en casa, pero en cambio este disco se comporta de forma excelente en esa tesitura. Este disco fue grabado en Budapest y suena como si uno lo estuviera viendo en la capital húngara.

Recuerdo haberlo descubierto en el festival de Jazz de Vitoria/Gasteiz hace cosa de 7 años, cuando acompañaba al bajo a una super banda formada por Joe Sample, Steve Gadd, David Sanborn. Recuerdo que aquella noche el músico interpretó uno de sus temas más relajados y además me dejó impresionado su capacidad técnica. El músico es un fan del maestro Jaco Pastorius, del que llegó a memorizar muchos de sus solos, lo que le ha dado un nivel técnico casi inigualable.

La espectacularidad de Te Dikalo, de O Sen Sen Sen, o de Kalabancoro, mezclada con la simpatía y la capacidad técnica del artista hacen que sea todo un placer verlo y oírlo constantemente. Porque además el tipo es sumamente simpático y no se limita a tocar su música y marcharse a casa como hacen muchos otros divos del Jazz. Bona conecta con el público y lo hace de la mejor manera, con una música que engancha desde la primera nota.

El artista, que canta siempre en su idioma natal de camerún, tiene una voz fina y sumamente especial que lo diferencian de otros cantantes. A pesar de que muchos de sus discos son bastante irregulares esta vez ha conseguido un disco terriblemente perfecto con sus mejores temas en directo que no hay que perderse por nada del mundo.

Te Dikalo


Kalabancoro


O Sen Sen Sen




J. Coltrane

domingo 25 de mayo de 2008

Marcin Wasilewski: January

A veces sucede, no es lo normal, pero a veces sí pasa. Caminaba yo por la FNAC de los Champs Elysees cuando una preciosa melodía de piano llegó a mis oídos. Normalmente suelo estar atento a los sonidos que me gustan, y cuando el piano de Marcin Wasilewski llegó a mis oídos me dejó impresionado. No me hizo falta escuchar más que una canción y ver que el artista polaco grababa para ECM, el sello de Jazz más intimista, para decidirme a comprar aquel disco.

Con apenas 33 años, el músico polaco ha realizado un disco emocionalmente intenso, lleno de interesantes excusiones sobre las teclas de su piano y con un carácter muy particular que te obliga a sentarte y relajarte escuchándolo. Un disco realmente maduro para su edad pero quizás no para alguien que empezó a tocar el piano a los 7 años y que a los 13 cambió al Jazz porque le impresionó demasiado Oscar Peterson, Chick Corea, y Keith Jarrett entre otros.


Quizás en su música no noto tanto a los primeros como a Jarrett, el excéntrico pero genial pianista, con el que comparte ese sonido tan personal que ambos tienen. Sea como sea, basta con escuchar alguna de sus piezas del último trabajo, January, para descubrir un músico con un talento enorme y que no circunscribe exclusivamente a sus colaboraciones con Tomasz Stanko, veterano y reconocido trompetista polaco con el que se dio a conocer allá por 1993.

Como decía, January es su segundo trabajo sin su mentor Stanko. Posterior a Trio, su primera incursión al mando de un trío junto a Slawomir Kurkiewicz y Michal Miskiewicz, January es un trabajo intenso que demuestra que pese a su edad, Wasilewski es un pianista maduro y con una categoría fuera de lo común. Sin ir más lejos, sólo basta escucharlo en el tema de Ennio Morricone, Cinema Paradiso, en la adaptación del Diamonds & Pearls de Prince pero sobre todo en el tema que da título al compacto, siendo en todos visible la perfecta fusión que hay entre los integrantes del trío.

Todo ha sido cuidado con la exquisitez y el diseño que acostumbra ECM. La portada del disco es una fotografía no sabría decir qué es pero que es muy del estilo de la discográfica que firma el disco. Diez son los temas escogidos por Wasilewski para rematar un disco impactante, 5 temas suyos originales y otros cinco en los que versiona de forma muy personal temas de otros. Desde luego, es un pianista a seguir porque, al menos para mí, ha sido toda una sorpresa. Espero que para vosotros también.


Marcin Wasilewski - Cinema Paraiso


Marcin Wasilewski - Diamonds & Pearls


Marcin Wasilewski - January




J. Coltrane

miércoles 14 de mayo de 2008

¿Y A Quién No Le gusta Sinatra?

Si algo para mí es síntoma de calidad musical es la capacidad de un artista de influir en las generaciones posteriores. Ni la técnica, ni los millones de copias vendidas, ni los fans, nada de eso es comparable con tener un estilo propio y característico que te distinga del resto. Lo otro se puede conseguir con una buena campaña de márketing pero tener tu propio estilo no.

Seguro que hay muchos que dirán que Sinatra no tenía voz, que no componía los temas, que no arreglaba, que no sabía nada de música... pero, la verdad, a Sinatra todo eso no le hizo ninguna falta, porque Sinatra era Sinatra, porque Sinatra fue (y sigue siendo) la inspiración de muchos cantantes que intentaron imitar algo que nunca llegaron a conseguir, cantar como Frank Sinatra. Muchos le han imitado, pero muy pocos han estado a la altura.

Una carrera marcada por la música, el cine y los escándalos varios, que hicieron que Frank Sinatra, el artista, fuera y siga siendo un punto de referencia ineludible en la música americana del siglo XX, especialmente en la década de los 50 y los 60, en las que consiguió hacerse con 8 Grammy's. Y desde entonces hasta ahora han sido más de 500 millones de discos los que ha vendido en todo el mundo.

Sinatra supo rodearse de los músicos más relevantes de la historia del Jazz y grabó algunos de los mejores discos en la cima de su carrera, e incluso durante su ocaso. Eso y una vida intensa vivida de principio a fin a "Su Manera" le han convertido en todo un símbolo de la historia de la música moderna.

Sonriendo, con sombrero, sosteniendo un cigarro por la mitad y elegantemente vestido con traje y corbata es como siempre recordaré a Sinatra. En este mundo que nos rodea donde la elegancia en el vestido ya no forma parte del espectáculo me produce una sensación especial poder recordar a Sinatra con esa elegancia. Y es que quizás no habrá sido el mejor, pero habrá sido Sinatra.




J. Coltrane