Cuando coge el nuevo trabajo de Eric Marienthal, It’s Love, no sabe si escucha un disco del saxofonista americano o uno del guitarrista y productor Chuck Loeb. Primero porque se nota a la legua la producción de Loeb en el nuevo disco de Marienthal porque suena a Loeb y porque su guitarra brilla incesante todo el disco. Los dos músicos me encantan y tengo montones de discos de ambos. Pero claro, en este caso, no sé si dudar a quién le has comprado el disco es bueno o es malo. Cuando compro un disco de Marienthal me gusta que suene a Marienthal, porque si quiero que suene a Loeb lo que hago es comprar un disco de Loeb. En fin, parece de perogrullo, pero no lo es. Esto pasa más de lo que uno desearía y el problema es que convierte a los discos en previsibles. Cuando produce Jeff Lorber ya sé cómo va a sonar, igual que si lo hace Russ Freeman. Uno se espera un sonido y no falla.
Y el error es lamentable. Siempre he entendido la música como una sorpresa, como abrir un disco para encontrarte algo que siempre esperas que sea nuevo y no una repetición o copia de algo que ya has visto. Evidentemente dentro de un mismo estilo no siempre es fácil ir de aquí para allá con cambios, pero hay músicos que mantienen el nivel muy alto disco tras disco. Porque mira, el invento luego saldrá mejor o peor, pero el músico que crea tiene que correr riesgos para que los que le compramos los discos sepamos que, dentro de unos límites, lo nuevo va a ser algo distinto e inesperado y para que veamos que hay una evolución. Y el problema es que It’s Love ni es distinto ni es lo esperado. Sí quizás en calidad técnica, de la que Marienthal va sobrado, pero no a nivel de composición. Esto parece más bien hecho deprisa y corriendo para llenar las diez canciones y salir de gira.
Me encanta su sonido, me encanta cómo toca y me encanta su estilo, pero creo que está al borde de mi paciencia. No sé si compraré muchos discos más de este señor. AllMusic le da tres estrellas y media a It’s Love y creo que una es un regalo caído del cielo. It’s Love no es un mal disco pero es infumable a trozos. A las pruebas me remito. El Get Here de Brenda Russell es un tema plano que debería haber hecho un delete en cuanto fue grabado. Te deja mal sabor de boca nada más empezar por la suavidad de su saxo alto y porque es insípido. Y claro, teniendo en cuenta lo que le he visto hacer a este señor la verdad es que me parece ridículo un tema así y ya, ni te cuento, el Can’t Buy Me Love. Es para hacerse el harakiri. Aunque puede ser por mis ascos a todo lo que huela a Beattle. No sé, este tema se me repite y se me atraganta y sólo quiero levantarme a darle al skip.
Pero no sólo de música puede uno reventar. No. También con el diseño de portada de It’s Love. Oyes, vale que el amigo nos quiera vender el asunto, pero así no oyes, esto no es la música. Pero yo, tonto que soy, debería haberlo pillado al vuelo. Si la portada de un disco contiene pétalos de rosa, se llama It’s Love y hay dos saxos alto formando un corazón algo más que forzado entonces es que blanco y en botella, pinta pastelón de los buenos. Si ir más lejos el tema central, que es otro de esos de ábreme la ventana que me tiro al vacío sin cuerda. Dios qué horror. Es el colmo del azúcar en forma de música y no hace ningún bien a lo que se llama Jazz fusión. Salvando las distancias, Marienthal se acerca inexorablemente al tipo de los pelos largos y saxo almibarado en exceso: Kenny G. Otro que, dicho sea de paso, se fue haciendo más soft conforme le vio las orejas al lobo y le iba entrando el dinerito por la puerta de casa casi sin que se diera cuenta. Pero ese es otro tema.
Pero claro, no van a ser todo cosas malas en It’s Love. Ni mucho menos. Afortunadamente Marienthal y Loeb se sacan de la chistera unos cuantos temas que salvan el disco con el bien raspado. El clásico de In A Sentimental Mood es otra balada que me apetece más escuchar a manos de John Coltrane, pero que en boca de Marienthal es también muy buena. También la ha suavizado, no sea que alguien le relacione con el Jazz más extremo, pero aún y así mantiene el espíritu de un tema de lujo. Aunque en la vertiente más fusión el músico nos deleita con Two In One, tema de Loeb en el que ambos brillan tanto que te encierran en la melodía. Los sólos de saxo del uno acompañados acto seguido por la guitarra del otro son francamente espectaculares de principio a fin pero sobre todo antes de acabar el tema, porque la unión de ambos te deja con la boca abierta y sin respiración.
En Costa del Soul, vuelve por los fueros más suaves pero con otro rollo que nada tiene que ver con el tema It’s Love. Esto es verdadera fusión, con fraseos complejos que te animan a afinar el oído para escuchar todo lo que dice el saxo alto de Marienthal. Más o menos como Babycakes, que es un tema muy fusión quizás algo más flojo pero de buen nivel todavía que nadie diría que tiene de por medio Jeff Lorber. Sus teclados suenan pero como no produce él el sonido no recuerda en ningún momento al genio de Lorber. Y de ahí llegamos al que, para mí, es el mejor tema del disco: Café Royale. Es espectacular y es Marienthal en estado puro, recuerda, diría más, al mítico Easy Street, que es para mí el mejor disco de este saxofonista hasta la fecha. Y Café Royale es a la vez el mejor tema del disco sin discusión. Ponle juntos el saxo de Marienthal, la guitarra de Loeb, el piano de Russell Ferrante y añádele el toque de la batería de Gary Novak junto con el Hammond de Pat Bianchi y simplemente échate a temblar.
Café Royale es de esos temas que tienen algo especial. Un tema para llevar a parte y dedicarle un buen rato. Tiene un clima absorvente que se remata a media canción con el solo de Ferrante que justo da paso al climax de un tema que es para sacarse el sombrero y para preguntarle a Marienthal que si sabe hacerlo así por qué no lo ha hecho en el resto del disco. Hombre ya. Y una vez pasado el púnto álgido del disco pues St. Moritz, que es muy buen tema, sabe a poco. Si en vez de Get Here el disco empezara por St. Moritz la cosa sería muy distinta. Porque sea como sea, en este final de disco uno no siente la depresión que te inspira al principio. Los ritmos y los sonidos son totalmente diferentes y se agradece. Y St. Moritz es de nuevo y tour de force entre el saxo y la guitarra, mano a mano, que como toda la buena música se disfruta a alto volumen.
Y para acabar, como no podía ser menos, un pequeño pastel. Romántico y edulcorado pero que tengo que reconocer que me gusta When I Found You. No puede negar que Brian Culbertson es dueño y señor de esas notas. Así pues piano y saxo en solitorio crean un entorno intimista que sirve para rematar un álbum que, ahora que caigo no está nada mal y que me obliga a retractarme de lo dicho un poco antes con lo de la estrella regalada. Sin llegar al notable, porque Eric Marienthal parece que no lo quiere, creo que It’s Love es un disco bastante bueno que podría ser muy bueno si no me lo hubieran rellenado con tres temas basura que en toda regla desmerecen el conjunto. Pero eso sí, y a pesar de las cosas que he mencionado antes, ahora reconozco que las tres estrellas y media son más que merecidas. Oyes, cuando hay que retractarse se retracta uno.
J. Coltrane

























